A 352 días del pitazo inicial del próximo Mundial, queda por ver quién le dará pelea al amplio favorito de todos, España. Igual: hace falta ver si la Furia Roja es capaz de mantener su juego, sosteniendo el arrollador paso de la Euro pasada, las eliminatorias mundialistas, y cualquier otro torneo o equipo que se le haya cruzado por el camino en el último año. De cara a una Brasil en pleno proceso de reinvención, y una Italia que pretende repetir la fórmula del pasado mundial (viejitos y jovencitos), esta Copa Confederaciones puede darnos una idea de que esperar el próximo verano. Veamos.
España
Arrolladora en su primer triunfo; molesta e incapaz en su victoria sobre Irak; recompuesta frente a Sudáfrica. La Furia comenzó donde mismo lo dejó en las eliminatorias: implacable, sin ningún tipo de complejo frente al rival. Claro, es fácil hacer eso cuando se cuenta con el mejor mediocampo del mundo (con todo y recambio). Xavi es… simplemente Xavi. Podrá echar de menos a Iniesta, pero la presencia de Cesc Fábregas y su tocayo Xabi Alonso ofrecen garantías demás. La delantera de Villa y Torres es sensacional; a la altura de sus rivales cuanto menos. La defensa, con Puyol, Albiol o el gran Gerard Piqué ofrece garantías suficientes, aún sobre los constantes descuidos de Sergio Ramos. De Casillas no hay mucho más que decir salvo que es de lo mejor en portería ahora mismo en el mundo.
De notar, sin embargo, fue el juego contra Irak. Y es que lo único que le falta a España es altura, precisamente allí donde el adversario prefiere defender con ocho o más jugadores. En este sentido la roja se parece mucho al Barcelona. De hecho, este juego fue muy similar al del Chelsea vs. Barcelona por la Champions. Es por ello que Vicente del Bosque prefiere jugar a Albiol, Piqué, Riera e inclusive al propio Sergio Ramos: le brindan altura en las jugadas a balón parado. Pero aún debe sortear cómo enfrentar a equipos que le colocan el cerrojo a su portería.
Brasil
Dunga estuvo muy cerca de perder su puesto como técnico el año pasado. Esto lo obligó a reinventar la “verdeamarella”: sin Ronaldinho, con talento nuevo y fresco que puedan implementar su visión particular de fútbol. Estrellas acá hay demás: con el nuevo madridista Kaká y con el descarte madridista de Robinho al ataque; Gilberto Silva proveyendo garantías y experiencias en la recuperación; Juan cubriendo los desmanes de Lucio a la defensa. Este Brasil también cuenta con un portero cuatro estrellas en Julio Cesar, una rareza cuando se trata de los embajadores del “jogo bonito.”
Brasil empezó con el pie izquierdo la Copa, permitiendo tres goles y ganando gracias a un penal sobre la hora. En Mohamed Zidan, delantero de Egipto, los chicos de Dunga encontraron un acertijo difícil de resolver: la velocidad y calidad técnica del delantero del Dortmund alemán puso en aprietos a Lucio y compañía, y sólo la desafortunada mano de Al Muhamadi evitó la primera sorpresa del torneo. Luego de la convincente victoria sobre Estados Unidos, el episodio sobre Italia solo puede describirse como demoledor: Brasil logró controlar el mediocampo, el tiempo de juego, y ante el primer titubeo de los azurri atacó con fuerza y convicción. Sólo Dossena evitó que Ramires reclamara la autoría del tercero.
Luce bien la verdeamarella de Dunga.
Italia
Tal parecía que los azurri tendrían un paseo directo a semifinales, independientemente terminarán primeros o segundos. A Estados Unidos le ganaron gracias a la expulsión de Ricardo Clark y dos geniales goles de Giuseppe Rossi. Pero los partidos contra Egipto y, peor aún, contra Brasil han demostrado más allá de cualquier duda que la filosofía de Marcello Lippi, viejitos y jovencitos, ya simplemente no funciona. Cannavaro, Gattuso, Pirlo, Zambrotta, ya no están a la altura del desafío. Camoranesi está cerca de quedar fuera; a Buffon el tren se le fue hace rato. En cambio, talentos como De Rossi, el propio Giuseppe Rossi, Luca Toni, Iaquinta y Gilardino tienen que comenzar a demostrar que están a la altura de la selección italiana. Ni hablar de la defensa, que realmente lució muy mal en los tres partidos.
Italia puede que ya haya asegurado su pase al mundial, pero deberá hacer varios ajustes a su equipo de cara al torneo. Con tan poco tiempo, a Italia le espera un torneo difícil… y sus posibilidades de repetir como campeón, en este momento, son escasas.
El resto
Es poco lo que se puede decir de Nueva Zelanda, Sudáfrica e Irak. Resulta extraño que Steven Pienaar haya visto tan poco tiempo de juego en el torneo, siendo el jugador más importante de Sudáfrica. Lo de Irak es de admirar, pero su juego está muy por debajo del nivel de las superpotencias. Su dirigente, Bora Milutinovic es un gran entrenador, un estratega de primera. El juego contra España lo probó. Pero de ahí a tener un equipo competitivo es un largo trecho.
Estados Unidos debe ser la gran decepción del torneo. Bob Bradley empieza a mostrar algunos de los vicios de Steve Sampson, el hombre que lideró la debacle en Francia 11 años atrás. El equipo de Estados Unidos carece de continuidad en posiciones claves como la defensa y la delantera. Sólo Oguchi Onyewu, Landon Donovan y Michael Bradley cuentan con la continuidad necesaria; pero de ahí en adelante los cambios constantes no le permiten regularidad a esta la escuadra. Puede que le hayan ganado a Egipto, pero contra España la tienen difícil. Y en términos del Mundial, a pesar de estar segundos, su derrota contra Costa Rica lanza dudas significativas sobre su potencial de cara al torneo.
¿Qué hemos aprendido?
España sigue imbatible, Italia luce como un campeón envejecido y Brasil, de la mano de Dunga, aparece como uno de los potenciales protagonistas del próximo mundial.
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