sábado, 29 de agosto de 2009

ENTRE EL REINO DE LAS PULGAS, LOS ÁRBITROS HINCHAS, Y EL VEJESTORIO ROSSONERO

A continuación algunos comentarios de la jornada futbolera de este fin de semana. Bueno, por lo menos, hasta el sábado.

Apúntele la Súper Copa a Pep. Él, sólo él, es responsable del quinto título del Barcelona este año. Su equipo salió a jugar como acostumbra, con la novedad de Ibrahimoviç en la delantera y sin Súper Andrés Iniesta en el mediocampo. Si no pudo establecer su acostumbrado dominio del balón fue por las pésimas condiciones del campo (créame cuando le digo que la cancha de los Islanders nunca ha lucido tan mal), un inefectivo Keyta que nunca pudo asociarse con Xavi, y porque su contrincante, el Shakhtar Donetsk ucraniano, decidió jugar con diez hombres tras el balón. Se supone que Ibra ayudará a superar estas defensas herméticas, pero su falta de fútbol se evidenció desde el inicio. Éste nunca fue factor en el partido. No así la pulga Messi, que sin claridad siempre metió, presionó e intentó crear ante condiciones muy adversas. Cuando Pep comenzó a mover sus fichas, parecía que entregaba a la suerte el partido. Pedro por Ibra eliminaba la posibilidad del ataque aéreo; Bojan por Henry reducía aún más la estatura en la delantera. Busquets por Touré Yaya de cara al alargue no pintaba bien.

Pero lo que hizo Pep fue tirar una carnada; pronto Lucescu decidió adelantar las líneas de su equipo, preparando el terreno para que la velocidad de Messi, Bojan y Pedro crearan el caos en la portería del oponente. Una asistencia de ensueño le permitió a Pedro definir con categoría al palo izquierdo del portero Pyatov. Así Guardiola demostró una vez más ser un técnico inteligente, astuto; un verdadero zorro viejo que dirige a la misma altura con la que deslumbró en sus tiempos de jugador.

Un dato que no se debe obviar: al pitazo final el Barça contaba con 8 jugadores de la cantera. Messi, Bojan, Pedro, Busquets, Piqué, Puyol, Valdez, Xavi; todos formados en la cantera. ¿Qué equipo español puede contar con una plantilla con tantos jugadores formados en su propia cantera? Nadie.

Este fin de semana los hinchas volvieron a ponerse casacas de árbitro. En Old Trafford, el árbitro Dean decidió marcar un penal luego de que Wayne Rooney se lanzara en una pirueta que recordó los mejores tiempos de Cristiano Ronaldo con la roja del Man U. La pifia arbitral probó ser decisiva, pues le dio un segundo aire a un equipo que lucía mal en el campo, y le inyectó miedo a una escuadra sumamente confiada. El gol en contra de Diaby fue producto de un Manchester que vio en el árbitro un aliado más, dándole la confianza que hasta ese momento apenas exhibía. Una pena, el Arsenal de Arsene Wenger lució superior aún ante la ausencia del divino Cesc Fábregas. Van Persie cada día luce mejor, y Arshavin de a poco comienza a reclamar su lugar en un mediocampo de lujo. Pero el verdadero protagonista fue Dean: marcó un penal inexistente, pito en innumerables ocasiones contra el Arsenal y poco a poco le restó posibilidades a los londinenses. Más que una pena, una vergüenza.

Igual ocurrió en el Santiago Bernabeu. La mega producción de Florentino Pérez demostró ser más parecida a la edición del año pasado que a los galácticos de principios de este siglo. Retuvo el balón casi todo el partido, más no supo que hacer con él. Cristiano Ronaldo se contagió de Raúl y deambuló por el campo sin saber a ciertas donde colocarse. Kaká corrió y metió; pero al final nunca supo ni a quién darle la bola ni quehacer con ella. Benzema le robó el show a Raúl: corrió por la cancha como un espectador de lujo, a penas entrando en juego. Raúl hizo lo que siempre hace: anotó de rebote y luego se inventó un penal que, por cierto, el línea, el referí y la hinchada creyeron cierto.

Interesante el momento en que se produjo el penal: el Deportivo La Coruña recién le empataba al equipo de más de 200 millones de euros. De a poco se podía apreciar que toda la posesión del balón hacía lucir, en realidad, muy mal a este Real Madrid. Ya se siente la presencia de Cristiano Ronaldo en el Madrid, pues la pirueta de Raúl, al igual que la de Rooney en Manchester, recuerda los piscinazos que siempre han caracterizado al jugador luso. El referí, quizá presionado por la hinchada local, quizá por Florentino, o quizá porque simplemente vestía de blanco debajo de su sotana arbitral, no dudo en pitar la pena máxima para sorpresa del portero protagonista de la jugada. Pero el pobre Aranzubia poco entendió que después de 200 millones de Euros, cualquier cosa que remotamente parezca un penal siempre irá a favor del Madrid. La liga lleva haciéndolo con Raúl hace ya mucho tiempo. La única razón por la cual todavía juega.

Pero hay que darle crédito al técnico del Depor, Miguel Ángel Lotina, por haber puesto sobre la mesa las verdaderas debilidades del Floren team. Con la bola en los pies y frente a un equipo compacto, el Madrid carece de la creatividad necesaria para poder resolver el acertijo. Cristiano Ronaldo necesita espacio, al igual que Benzema; Raúl un transplante de piernas y pulmones; Kaká a quien pasarle la bola. De igual forma, los gallegos mostraron que en la contra el Madrid no sabe qué hacer. Albiol no es Hierro, y Garay es un jugador más. El juego ofensivo de Pellegrini supone que ninguno de los dos laterales defenderán a nadie (y claro, ninguno de los dos se luce precisamente por ello), dejando sólo a tres para defenderse de la contra. Lars Diarra, si ese que marcó el tercero, ya demostró la pasada temporada que es un jugador por encima del promedio, pero muy por debajo de Mascherano o Touré Yaya (sólo por mencionar dos estrellas de esa posición). De ahí que el segundo del Depor, a manos de Valerón, expusiera lo que ya se sabe: que el Madrid retiene el balón porque no tiene con qué defenderse. Y esto aplica con o sin Pepe. La suerte del Madrid pasa por cuántos goles anotará y no por cuántos le anotarán. Mientras el balance sea positivo, bien. Pero cuando el balance sea negativo… la cabeza de Pellegrini rodará, se empezará a hablar mal de los jugadores que alaban, y a Raúl lo continuarán bancando. ¡Cosas merengues que muy pocos entienden!

Al otro lado de los Pirineos se llevó a cabo el primer gran clásico de la temporada: AC vs. Inter. Los presentes campeones contra una escuadra rossonera llena de ilusiones. El balance final (goleada del Inter) permite pasar revista de lo que seguro será la suerte de los dos en el Calcio.

Mourinho no se quedó con los brazos cruzados luego del decepcionante empate frente al Bari en el debut liguero. El jueves echó mano del despreciado Wesley Sneijder, quien de seguro abandonó la disciplina merengue con muchas ganas de probarle al mundo su enorme valor. Reacomodó su mediocampo, dejando fuera a Patrick Vieira (los años comienzan a pasarle factura), colocando a Stankovic al lado de Thiago Motta. Ciertamente fue Sneijder el que marcó las mayores diferencias, obligando al envejecido mediocampo rossonero a salir de su zona de confort y confrontar un jugador con regate. De ahí la expulsión de Rino Gattuso, la lluvia de goles, y muchas otras como el golazo de Stankovic y las peripecias de Diego Milito en la delantera.

Es una pena, pero me sospecho que las miserias que le esperan al AC pasan por su técnico novato. Leonardo, aquel que le rompió la quijada a Tabaré Ramos en el mundial del 94, fue un jugador fogoso pero con pocos controles. El no haber sustituido a Gattuso cuando debió hacerlo le costó la expulsión. Marco Borriello estaba tan asustado con Lucio y Walter Samuel que prefirió la comodidad de verlos jugar antes de meter. (Y en esa línea, ¿dónde estaba el Pipo Inzaghi?). A Ronaldinho nadie le hizo caso. Sendo problema cuando dependes de un Pirlo que de arrancada no puede correr de lado a lado, un Gattuso que no le queda mucho, un Alejandro Nesta que ni patadas puede dar ya, y un Zambrotta que debería estar viendo los partidos al lado de su pana Paolo Maldini.

Pero esto apenas comienza…

domingo, 23 de agosto de 2009

SE REIVINDICA EL FÚTBOL Y LA MISERIA DE ALGUNOS GRANDES

Quizá la mejor sensación en lo que se refiere al fútbol lo dejaron los equipos modestos en Alemania e Italia este fin de semana. El FSV Mainz 05, equipo recién ascendido a la Bundesliga 1, madrugó al Bayern de Munich, el gigante de la liga teutona. En Italia el AS Bari, ausente de la Serie A del Calcio italiano por los pasados ocho años, sacó un punto en su visita al Giuseppe Meazza ante el vigente campeón italiano, el Internazionale de Milán, en la primera fecha de esa liga. Ambas hazañas tuvieron como denominador común el oficio y el juego en conjunto.

El fútbol europeo, que apenas comienza en estos días, lleva mucho tiempo marcando titulares a base de cifras astronómicas manejadas en los fichajes veraniegos. La propia idea del conjunto queda a un lado cuando se habla de los millones que se pagaron por Ibrahimovic, Kaká y Cristiano Ronaldo, entre otros. Sin embargo, en el ajuste de cuentas, sólo aquellos equipos que cultivan la idea del juego de conjunto entre sus plantillas llegan triunfantes al final. Barcelona fue un gran ejemplo la temporada pasada, dominando Liga, Copa y Champions. Fueron precedidos por el Man U del 2006-7, el Liverpool y el Milán que se las vieron en dos ocasiones en el campeonato europeo en años recientes. Hasta los galácticos de Florentino cultivaron esa filosofía en su momento, de la mano del maestro Zidane. Ese “juego colectivo” pasa por mediocampos productivos que lo mismo defienden que imponen ritmo a la hora de atacar. También habla de atacantes con oficio defensivo, porteros de primera categoría que organizan defensas y un planteamiento táctico claro y preciso.

No por que hayan caído derrotados por equipos recién ascendidos podemos llegar a la conclusión de que tanto el Bayern como el Inter carecen de juego en conjunto. Pero si puede observarse problemas en áreas claves. Bayern no se recupera aún de la salida de Lucio; su defensa estuvo terrible. Su ataque carece de consistencia y Van Gaal deberá encontrar rápidamente una dupla de ataque que realmente se encuentre con un mediocampo de lujo. Pero también le hace falta al Bayern pausa en su juego, lo cual no es precisamente una virtud de sus mediocampistas. Si a eso se le añade que a la hora de atacar los relevos defensivos no quedaron claros, podemos imaginar que los de Munich les falta mucho camino por recorrer a la hora de imponer su juego.

En el caso del Inter el frustrante empate pasa más por las decisiones de su técnico y por ausencias claves en el medio. Ante un equipo sumamente organizado, Mourinho optó por presionarlo al ataque con muchos jugadores. Por ello sustituyó a Ali Muntari por Mario Balotelli en la primera parte, y en la segunda Ricardo Quaresma entró por Patrick Vieira. Estas dos sustituciones desarmaron el mediocampo defensivo del Inter, movimiento que probó ser decisivo en el desenlace. El Bari, que hasta ese momento había confrontado problemas para armar su ataque se encontró con medios comprometidos al ataque. Si a ello se le suma una defensa dudosa, la tarjeta amarilla y eventual sustitución de Marco Materazzi, se puede apreciar que “the special one” subestimó a su rival.

Ya en la primera parte, el hondureño Edgar Reyes Álvarez había explotado con facilidad la banda izquierda de la defensa interista, y su defensa se había acomodado muy bien a la presencia del explosivo Balotelli. Pero al ver el campo abierto, el Bari lo aprovechó al máximo. Lejos de los dudosos meritos del penal a Diego Milito, las subidas del argentino Emmanuel Rivas, la entrada de Antonio Langella y el fútbol de Vitali Kutuzov, poco a poco, pusieron contra las cuerdas a la defensa milanista a fuerza de contragolpe. Nunca se olvidó el Bari de defender y presionar al Inter en su salida y, especialmente en el mediocampo. El gol del empate es una de esas situaciones donde puede apreciarse un equipo aceitado, con el énfasis en el juego colectivo, sin individualidades que interrumpan el flujo de juego.

No espere ni al Mainz ni al Bari en la lucha por el título el próximo mayo. La frescura de su juego y su propuesta usualmente desaparece en la medida que el desgaste afecta a escuadras reducidas. Ahí se marcan las diferencias con los llamados “grandes de Europa.” Pero, por favor, disfrútelo ahora. Vale la pena.

Del otro lado, es necesario comentar la pírrica victoria de la Juventus de Turín y el empate logrado por el Boca Juniors argentino, ambos en la jornada inaugural de sus respectivos campeonatos.

Primero la Juve, la de mi amigo Marco Trevisani. Lo que comenzó como un torrente de fútbol, característico del calcio, terminó como un ejercicio fútil. La nueva Juve, esa misma que Lippi puso como favorita para ganar el Scudetto, se vio mal en todas las líneas. En la delantera, Amauri y Aquilani apenas se comunicaron; Diego nunca encontró un socio en el mediocampo de ataque; Poulsen dedicó demasiado tiempo a pegarle a los contrarios y argumentar con el árbitro. Cannavaro fue un desastre atrás, por no mencionar los “centros” a la grada del lateral izquierdo Paolo De Ceglie. Grygera y Chiellini sacaron la cara por la Vecchia Signora, repartiendo una buena dosis de patadas en el proceso. El partido lució peleado, pero más por las inconsistencias de la Juve que por la amenaza que representó el Chievo Verona, equipo por momento desordenado pero con jugadores de calibre como Yepes, Pellisier, Luciano y Marcolini. Dejaron los de Turín la impresión de echar de menos a Del Piero, y eso no es bueno. Mejor pensar que el regreso de David Trezeguet y Mauro Camoranesi logrará cambiar esta mala impresión.

Boca por su parte comenzó muy mal su partido inaugural en la Bombonera, mostró al arranque de la segunda parte destellos de genialidad y luego sufrió el efecto del calendario sobre los llamados “históricos.” Tal como se advirtiera en un pasado, la zona defensiva izquierda de Boca es una autopista que invita a surcar por ella y crear peligro en la portería Xeneize. El paraguayo Claudio Morel no está a la altura del reto hace rato y es una debilidad enorme que muestra Boca por ese sector, en especial cuando Federico Insúa se lanza al ataque. Así se produjeron los dos goles en la primera mitad. Por lo demás, ni el chileno Gary Medel ni Nico Gaitán lograron hilvanar el juego boquense en el mediocampo durante esa primera mitad. Hay que darle crédito al técnico, que introdujo a Ariel Rosada para reforzar la zona media (y así juntarlo a un desgastado Battaglia) y sustituyó a Medel con un inspirado Guillermo Marino, autor de los dos goles de Boca. La movida de Rosada reforzó la zona izquierda y detuvo significativamente los avances de un equipo desordenado y de muy poco fútbol como Argentinos Juniors.

Sin embargo, la energía que le inyectó a Boca los goles de Marino poco a poco se disipó cuando el cansancio le pasó factura a los históricos (y otros más jovencitos también). Boca se quedó sin ideas en las postrimerías del partido porque ya ni Palermo, Battaglia e Ibarra podían correr, mucho menos apretar. Esto es sólo una pequeña muestra de lo que le espera a Boca en el Apertura argentino.