A continuación algunos comentarios de la jornada futbolera de este fin de semana. Bueno, por lo menos, hasta el sábado.
Apúntele la Súper Copa a Pep. Él, sólo él, es responsable del quinto título del Barcelona este año. Su equipo salió a jugar como acostumbra, con la novedad de Ibrahimoviç en la delantera y sin Súper Andrés Iniesta en el mediocampo. Si no pudo establecer su acostumbrado dominio del balón fue por las pésimas condiciones del campo (créame cuando le digo que la cancha de los Islanders nunca ha lucido tan mal), un inefectivo Keyta que nunca pudo asociarse con Xavi, y porque su contrincante, el Shakhtar Donetsk ucraniano, decidió jugar con diez hombres tras el balón. Se supone que Ibra ayudará a superar estas defensas herméticas, pero su falta de fútbol se evidenció desde el inicio. Éste nunca fue factor en el partido. No así la pulga Messi, que sin claridad siempre metió, presionó e intentó crear ante condiciones muy adversas. Cuando Pep comenzó a mover sus fichas, parecía que entregaba a la suerte el partido. Pedro por Ibra eliminaba la posibilidad del ataque aéreo; Bojan por Henry reducía aún más la estatura en la delantera. Busquets por Touré Yaya de cara al alargue no pintaba bien.
Pero lo que hizo Pep fue tirar una carnada; pronto Lucescu decidió adelantar las líneas de su equipo, preparando el terreno para que la velocidad de Messi, Bojan y Pedro crearan el caos en la portería del oponente. Una asistencia de ensueño le permitió a Pedro definir con categoría al palo izquierdo del portero Pyatov. Así Guardiola demostró una vez más ser un técnico inteligente, astuto; un verdadero zorro viejo que dirige a la misma altura con la que deslumbró en sus tiempos de jugador.
Un dato que no se debe obviar: al pitazo final el Barça contaba con 8 jugadores de la cantera. Messi, Bojan, Pedro, Busquets, Piqué, Puyol, Valdez, Xavi; todos formados en la cantera. ¿Qué equipo español puede contar con una plantilla con tantos jugadores formados en su propia cantera? Nadie.
Este fin de semana los hinchas volvieron a ponerse casacas de árbitro. En Old Trafford, el árbitro Dean decidió marcar un penal luego de que Wayne Rooney se lanzara en una pirueta que recordó los mejores tiempos de Cristiano Ronaldo con la roja del Man U. La pifia arbitral probó ser decisiva, pues le dio un segundo aire a un equipo que lucía mal en el campo, y le inyectó miedo a una escuadra sumamente confiada. El gol en contra de Diaby fue producto de un Manchester que vio en el árbitro un aliado más, dándole la confianza que hasta ese momento apenas exhibía. Una pena, el Arsenal de Arsene Wenger lució superior aún ante la ausencia del divino Cesc Fábregas. Van Persie cada día luce mejor, y Arshavin de a poco comienza a reclamar su lugar en un mediocampo de lujo. Pero el verdadero protagonista fue Dean: marcó un penal inexistente, pito en innumerables ocasiones contra el Arsenal y poco a poco le restó posibilidades a los londinenses. Más que una pena, una vergüenza.
Igual ocurrió en el Santiago Bernabeu. La mega producción de Florentino Pérez demostró ser más parecida a la edición del año pasado que a los galácticos de principios de este siglo. Retuvo el balón casi todo el partido, más no supo que hacer con él. Cristiano Ronaldo se contagió de Raúl y deambuló por el campo sin saber a ciertas donde colocarse. Kaká corrió y metió; pero al final nunca supo ni a quién darle la bola ni quehacer con ella. Benzema le robó el show a Raúl: corrió por la cancha como un espectador de lujo, a penas entrando en juego. Raúl hizo lo que siempre hace: anotó de rebote y luego se inventó un penal que, por cierto, el línea, el referí y la hinchada creyeron cierto.
Interesante el momento en que se produjo el penal: el Deportivo La Coruña recién le empataba al equipo de más de 200 millones de euros. De a poco se podía apreciar que toda la posesión del balón hacía lucir, en realidad, muy mal a este Real Madrid. Ya se siente la presencia de Cristiano Ronaldo en el Madrid, pues la pirueta de Raúl, al igual que la de Rooney en Manchester, recuerda los piscinazos que siempre han caracterizado al jugador luso. El referí, quizá presionado por la hinchada local, quizá por Florentino, o quizá porque simplemente vestía de blanco debajo de su sotana arbitral, no dudo en pitar la pena máxima para sorpresa del portero protagonista de la jugada. Pero el pobre Aranzubia poco entendió que después de 200 millones de Euros, cualquier cosa que remotamente parezca un penal siempre irá a favor del Madrid. La liga lleva haciéndolo con Raúl hace ya mucho tiempo. La única razón por la cual todavía juega.
Pero hay que darle crédito al técnico del Depor, Miguel Ángel Lotina, por haber puesto sobre la mesa las verdaderas debilidades del Floren team. Con la bola en los pies y frente a un equipo compacto, el Madrid carece de la creatividad necesaria para poder resolver el acertijo. Cristiano Ronaldo necesita espacio, al igual que Benzema; Raúl un transplante de piernas y pulmones; Kaká a quien pasarle la bola. De igual forma, los gallegos mostraron que en la contra el Madrid no sabe qué hacer. Albiol no es Hierro, y Garay es un jugador más. El juego ofensivo de Pellegrini supone que ninguno de los dos laterales defenderán a nadie (y claro, ninguno de los dos se luce precisamente por ello), dejando sólo a tres para defenderse de la contra. Lars Diarra, si ese que marcó el tercero, ya demostró la pasada temporada que es un jugador por encima del promedio, pero muy por debajo de Mascherano o Touré Yaya (sólo por mencionar dos estrellas de esa posición). De ahí que el segundo del Depor, a manos de Valerón, expusiera lo que ya se sabe: que el Madrid retiene el balón porque no tiene con qué defenderse. Y esto aplica con o sin Pepe. La suerte del Madrid pasa por cuántos goles anotará y no por cuántos le anotarán. Mientras el balance sea positivo, bien. Pero cuando el balance sea negativo… la cabeza de Pellegrini rodará, se empezará a hablar mal de los jugadores que alaban, y a Raúl lo continuarán bancando. ¡Cosas merengues que muy pocos entienden!
Al otro lado de los Pirineos se llevó a cabo el primer gran clásico de la temporada: AC vs. Inter. Los presentes campeones contra una escuadra rossonera llena de ilusiones. El balance final (goleada del Inter) permite pasar revista de lo que seguro será la suerte de los dos en el Calcio.
Mourinho no se quedó con los brazos cruzados luego del decepcionante empate frente al Bari en el debut liguero. El jueves echó mano del despreciado Wesley Sneijder, quien de seguro abandonó la disciplina merengue con muchas ganas de probarle al mundo su enorme valor. Reacomodó su mediocampo, dejando fuera a Patrick Vieira (los años comienzan a pasarle factura), colocando a Stankovic al lado de Thiago Motta. Ciertamente fue Sneijder el que marcó las mayores diferencias, obligando al envejecido mediocampo rossonero a salir de su zona de confort y confrontar un jugador con regate. De ahí la expulsión de Rino Gattuso, la lluvia de goles, y muchas otras como el golazo de Stankovic y las peripecias de Diego Milito en la delantera.
Es una pena, pero me sospecho que las miserias que le esperan al AC pasan por su técnico novato. Leonardo, aquel que le rompió la quijada a Tabaré Ramos en el mundial del 94, fue un jugador fogoso pero con pocos controles. El no haber sustituido a Gattuso cuando debió hacerlo le costó la expulsión. Marco Borriello estaba tan asustado con Lucio y Walter Samuel que prefirió la comodidad de verlos jugar antes de meter. (Y en esa línea, ¿dónde estaba el Pipo Inzaghi?). A Ronaldinho nadie le hizo caso. Sendo problema cuando dependes de un Pirlo que de arrancada no puede correr de lado a lado, un Gattuso que no le queda mucho, un Alejandro Nesta que ni patadas puede dar ya, y un Zambrotta que debería estar viendo los partidos al lado de su pana Paolo Maldini.
Pero esto apenas comienza…