domingo, 23 de agosto de 2009

SE REIVINDICA EL FÚTBOL Y LA MISERIA DE ALGUNOS GRANDES

Quizá la mejor sensación en lo que se refiere al fútbol lo dejaron los equipos modestos en Alemania e Italia este fin de semana. El FSV Mainz 05, equipo recién ascendido a la Bundesliga 1, madrugó al Bayern de Munich, el gigante de la liga teutona. En Italia el AS Bari, ausente de la Serie A del Calcio italiano por los pasados ocho años, sacó un punto en su visita al Giuseppe Meazza ante el vigente campeón italiano, el Internazionale de Milán, en la primera fecha de esa liga. Ambas hazañas tuvieron como denominador común el oficio y el juego en conjunto.

El fútbol europeo, que apenas comienza en estos días, lleva mucho tiempo marcando titulares a base de cifras astronómicas manejadas en los fichajes veraniegos. La propia idea del conjunto queda a un lado cuando se habla de los millones que se pagaron por Ibrahimovic, Kaká y Cristiano Ronaldo, entre otros. Sin embargo, en el ajuste de cuentas, sólo aquellos equipos que cultivan la idea del juego de conjunto entre sus plantillas llegan triunfantes al final. Barcelona fue un gran ejemplo la temporada pasada, dominando Liga, Copa y Champions. Fueron precedidos por el Man U del 2006-7, el Liverpool y el Milán que se las vieron en dos ocasiones en el campeonato europeo en años recientes. Hasta los galácticos de Florentino cultivaron esa filosofía en su momento, de la mano del maestro Zidane. Ese “juego colectivo” pasa por mediocampos productivos que lo mismo defienden que imponen ritmo a la hora de atacar. También habla de atacantes con oficio defensivo, porteros de primera categoría que organizan defensas y un planteamiento táctico claro y preciso.

No por que hayan caído derrotados por equipos recién ascendidos podemos llegar a la conclusión de que tanto el Bayern como el Inter carecen de juego en conjunto. Pero si puede observarse problemas en áreas claves. Bayern no se recupera aún de la salida de Lucio; su defensa estuvo terrible. Su ataque carece de consistencia y Van Gaal deberá encontrar rápidamente una dupla de ataque que realmente se encuentre con un mediocampo de lujo. Pero también le hace falta al Bayern pausa en su juego, lo cual no es precisamente una virtud de sus mediocampistas. Si a eso se le añade que a la hora de atacar los relevos defensivos no quedaron claros, podemos imaginar que los de Munich les falta mucho camino por recorrer a la hora de imponer su juego.

En el caso del Inter el frustrante empate pasa más por las decisiones de su técnico y por ausencias claves en el medio. Ante un equipo sumamente organizado, Mourinho optó por presionarlo al ataque con muchos jugadores. Por ello sustituyó a Ali Muntari por Mario Balotelli en la primera parte, y en la segunda Ricardo Quaresma entró por Patrick Vieira. Estas dos sustituciones desarmaron el mediocampo defensivo del Inter, movimiento que probó ser decisivo en el desenlace. El Bari, que hasta ese momento había confrontado problemas para armar su ataque se encontró con medios comprometidos al ataque. Si a ello se le suma una defensa dudosa, la tarjeta amarilla y eventual sustitución de Marco Materazzi, se puede apreciar que “the special one” subestimó a su rival.

Ya en la primera parte, el hondureño Edgar Reyes Álvarez había explotado con facilidad la banda izquierda de la defensa interista, y su defensa se había acomodado muy bien a la presencia del explosivo Balotelli. Pero al ver el campo abierto, el Bari lo aprovechó al máximo. Lejos de los dudosos meritos del penal a Diego Milito, las subidas del argentino Emmanuel Rivas, la entrada de Antonio Langella y el fútbol de Vitali Kutuzov, poco a poco, pusieron contra las cuerdas a la defensa milanista a fuerza de contragolpe. Nunca se olvidó el Bari de defender y presionar al Inter en su salida y, especialmente en el mediocampo. El gol del empate es una de esas situaciones donde puede apreciarse un equipo aceitado, con el énfasis en el juego colectivo, sin individualidades que interrumpan el flujo de juego.

No espere ni al Mainz ni al Bari en la lucha por el título el próximo mayo. La frescura de su juego y su propuesta usualmente desaparece en la medida que el desgaste afecta a escuadras reducidas. Ahí se marcan las diferencias con los llamados “grandes de Europa.” Pero, por favor, disfrútelo ahora. Vale la pena.

Del otro lado, es necesario comentar la pírrica victoria de la Juventus de Turín y el empate logrado por el Boca Juniors argentino, ambos en la jornada inaugural de sus respectivos campeonatos.

Primero la Juve, la de mi amigo Marco Trevisani. Lo que comenzó como un torrente de fútbol, característico del calcio, terminó como un ejercicio fútil. La nueva Juve, esa misma que Lippi puso como favorita para ganar el Scudetto, se vio mal en todas las líneas. En la delantera, Amauri y Aquilani apenas se comunicaron; Diego nunca encontró un socio en el mediocampo de ataque; Poulsen dedicó demasiado tiempo a pegarle a los contrarios y argumentar con el árbitro. Cannavaro fue un desastre atrás, por no mencionar los “centros” a la grada del lateral izquierdo Paolo De Ceglie. Grygera y Chiellini sacaron la cara por la Vecchia Signora, repartiendo una buena dosis de patadas en el proceso. El partido lució peleado, pero más por las inconsistencias de la Juve que por la amenaza que representó el Chievo Verona, equipo por momento desordenado pero con jugadores de calibre como Yepes, Pellisier, Luciano y Marcolini. Dejaron los de Turín la impresión de echar de menos a Del Piero, y eso no es bueno. Mejor pensar que el regreso de David Trezeguet y Mauro Camoranesi logrará cambiar esta mala impresión.

Boca por su parte comenzó muy mal su partido inaugural en la Bombonera, mostró al arranque de la segunda parte destellos de genialidad y luego sufrió el efecto del calendario sobre los llamados “históricos.” Tal como se advirtiera en un pasado, la zona defensiva izquierda de Boca es una autopista que invita a surcar por ella y crear peligro en la portería Xeneize. El paraguayo Claudio Morel no está a la altura del reto hace rato y es una debilidad enorme que muestra Boca por ese sector, en especial cuando Federico Insúa se lanza al ataque. Así se produjeron los dos goles en la primera mitad. Por lo demás, ni el chileno Gary Medel ni Nico Gaitán lograron hilvanar el juego boquense en el mediocampo durante esa primera mitad. Hay que darle crédito al técnico, que introdujo a Ariel Rosada para reforzar la zona media (y así juntarlo a un desgastado Battaglia) y sustituyó a Medel con un inspirado Guillermo Marino, autor de los dos goles de Boca. La movida de Rosada reforzó la zona izquierda y detuvo significativamente los avances de un equipo desordenado y de muy poco fútbol como Argentinos Juniors.

Sin embargo, la energía que le inyectó a Boca los goles de Marino poco a poco se disipó cuando el cansancio le pasó factura a los históricos (y otros más jovencitos también). Boca se quedó sin ideas en las postrimerías del partido porque ya ni Palermo, Battaglia e Ibarra podían correr, mucho menos apretar. Esto es sólo una pequeña muestra de lo que le espera a Boca en el Apertura argentino.

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