sábado, 11 de julio de 2009

¡AY BOCA!

Puede que a muchos fanáticos del Boca Juniors les disguste una comparación con el Real Madrid, pero lo cierto es que últimamente los Xeneizes se comportan como el que en otrora fuese el equipo del generalísimo Franco. Luego de una pésima temporada, las soluciones que Boca se plantea son cada vez más ilógicas y apuntan a una continuación en la recesión de fútbol que el equipo exhibe desde principios de años.

¿El mayor problema de Boca? Su insistencia en retener jugadores que si bien le dieron gloria al club en su momento, hoy día no están a la altura del reto. Duele reconocer que el “Negro” Ibarra, Sebastián Battaglia y el “Pato” Abbondanzieri ya no rinden lo que deben; duele porque entre ellos hay demasiadas alegrías, títulos y, sobre todo, fútbol de la más alta calidad. Las subidas, centros y tiros al arco del Negro jamás serán olvidados. El fino juego de Battaglia en el mediocampo lo coloca como el mejor mediocampista de su generación. Quizá el Pato no sea el mejor de los porteros argentinos de los últimos diez años, pero sus salidas lo ubican como uno de los mejores en ese departamento. Pero esas glorias ya conforman parte del folclore de Boca de los pasados diez años.

El recién concluido torneo argentino demostró, más allá de duda razonable, que los tres están demasiado lejos del nivel que los llevó a la gloria. A Abbondanzieri sus brillantes salidas ya no lo acompañan como antes, dejando al descubierto sus deficiencias debajo de los tres palos. Ibarra resultó ser más una debilidad defensiva que un arma letal al ataque. Cuente cuántos goles le hicieron a Boca por el lado izquierdo de su defensa. Quizá a Battaglia le quede lo suficiente para ser un reemplazo de lujo, pero ya no está para jugar noventa minutos en el fútbol argentino.

Pero Ibarra, Abbondanzieri y Battaglia no es lo único que está mal en Boca. La falta de rendimiento pasa por dos vacas sagradas del club: los intocables Martín Palermo y Juan Román Riquelme. Y no crean que duele reconocerlo, pues ambos (junto a Ibarra) pertenecen al mítico onceno que montó Carlos Bianchi en su primer turno como técnico y que ganó tres títulos en Argentina, dos Copas Libertadores y una Copa Intercontinental (nada más y nada menos que frente al mítico Real Madrid). Román quizá sea uno de los mejores enganches que ha visto el fútbol mundial en los últimos 15 años; de gran toque, con capacidad de colocar la pelota donde quiera (inclusive en los tiros libres), fino controlador de los tiempos de juego, con una visión de campo envidiable y, sobre todo, goleador. Palermo gozó a su lado. Los centros llovieron y el mejor cabeceador del fútbol argentino de los últimos años anotó a su antojo.

Pero los tiempos han cambiado. El enorme talento de Román siempre se encontró de frente con su bipolaridad anímica; cortando oportunidades donde brillar y siempre deseoso de resguardarse en la Bombonera. De hecho, me sospecho que cuando se escriba el libro definitivo de Román todos concordarán sobre su enorme talento, pero poco se hablará de sus logros (más allá de Boca). Palermo es harina de otro costado. Si bien su paso por Europa no fue brillante, su carrera en Argentina es quizá una de las mejores historias de la presente década. No sólo regresó, sino que lo hizo para triunfar. Y siempre en grande. Demás está decir que le queda, pero no para jugar dos torneos (el argentino y la Sudamericana); 180 minutos a la semana se me antojan demasiado para Palermo. A diferencia de Riquelme, me parece que todavía el “Loco” puede hacer la diferencia viniendo desde el banco; pero Viatri debería ser el titular.

Y hablando de Viatri, lo peor de Boca ahora mismo es que mientras retienen a quienes ellos llaman “referentes” (Martín, Román, Ibarra, Abbondanzieri y Battaglia) le abren las puertas para que busquen nuevos clubes al nuevo talento que ha demostrado estar a la altura del reto. Lucas Viatri, Nico Gaitán y Álvaro González andan buscando club. Riquelme se queda, llega Insúa. Mientras, Christian Chávez languidece en el banco junto a Benavidez. Al frente Palermo continuará como referente, Palacio (al fin) se marchará, aunque por una cuarta parte de lo que ofrecieron el pasado año. Mientras, Mouche y Noir se pelearán llenar el hueco. ¿Y si Martín se lesiona?

Es hora de darles la oportunidad a los chicos. Con los viejos no llegamos a ninguna parte. De muestra, tenemos el pasado torneo y la vergonzosa eliminación de la Libertadores.

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