domingo, 4 de octubre de 2009

LAS PENURIAS DEL FLORENTEAM

En principio, el Real Madrid dio la impresión de ser dirigido nuevamente desde la grada. Si, Florentino parecía exigir quién jugaba y cómo, pues con mucha pólvora al frente y tan poco mediocampo, esta nueva versión de los galácticos recuerda por mucho aquella de Beckham sin Makelele: mucho al frente, poco o nada atrás. Pero luego del baile que le propinó el Sevilla en su cancha, y la incapacidad de Manuel Pellegrini a la hora de descifrar el esquema simplificado de los sevillanos, es de suponer que éste es tan responsable del mal juego que desplegan los merengues como Florentino.

Es fácil descifrar la inhabilidad de este equipo a la hora de jugar al fútbol. Su planteamiento inicial cuenta con 2 delanteros netos, un par de extremos, y dos mediocampistas. Si a esto se le añade las carencias defensivas de sus laterales y los innumerables desaciertos de Pepe en la defensa, la gran súper producción de Florentino deja de meter miedo. Esto lo reconoció, aunque con timidez y sin suficiente convicción, el Deportivo La Coruña en su visita al Bernabeu. Igual lo pudo apreciar el Xerez, que dada lo finita de su plantilla no pudo aguantar 90 minutos. Igual le pasó al Tenerife.

Cierto, el equipo desde los inicios mostró tener una pegada de escándalo. Para muestra un botón: Cristiano Ronaldo. Pero de ahí a que el Madrid jugara al fútbol hay un largo trecho. Bastó a que se enfrentara a un equipo de verdad, un contendor para esta liga que los medios españoles insistían en insinuar le pertenecía a merengues o culés.

No sólo el Sevilla desmontó el planteamiento ofensivo del Madrid desde las bandas, sino que mostró a plenitud las carencias defensivas de sus laterales. Marcelo no le ganó ni una a Jesús Navas; Perotti le montó otro baile a Sergio Ramos, que ante la impotencia recurrió a su recurso favorito, el patear. Pepe y Albiol nunca se entendieron, y Negredo y Luis Fabiano constantemente le ganaron las espaldas. Si el Sevilla no ganó por más se debió a Súper Iker, quien hizo al menos dos atajadas para el álbum de la historia del deporte. Pero de igual forma, bastaba ver sus constantes recriminaciones a Guti, quien se dedicó más a discutir siempre que le tocaba defender.

Un equipo como el Madrid, lleno de pólvora, necesita siempre del balón. A penas lo tuvo en la primera parte. Cuando lo tuvo, Zokora y Renato cerraron el mediocampo, obligando a los merengues a jugar por las bandas. Allí la frescura de Kaká se perdía, mientras Sergio Ramos y Marcelo titubeaban ante la posibilidad de que el contraataque los dejara desnudos. Raúl fue completamente irrelevante e intrascendente a lo largo del partido y sorprende que Pellegrini no lo sustituyera. Igual sucedió con Benzema, quien luce como un niño tímido de primaria quien, a la hora de recreo, se sienta en una banqueta a ver cómo los demás juegan en el patio, esperando que alguien lo invite o lo obligue a jugar.

A Pellegrini le espera una temporada larga si no comienzan a respetar a los contrarios. Pareció concederle las bandas al Sevilla, que es a lo que sabe jugar. Nunca hizo cambio alguno para tratar de frenar las constantes subidas de Perotti y Navas. Pero de igual, ni Guti ni Xabi Alonso se animaron a ayudar a los aquejados laterales. Quizás por la bronca de no tener la pelota, quizás porque ambos lucen fuera de forma. No importa. El técnico debió meter mano en el asunto y no lo hizo.

Lo único que preocupa, desde la perspectiva del Madrid es que lo del Sevilla fue siempre un asunto de contraataque. No tiene necesariamente recursos suficientes en el mediocampo como para retener la pelota, imponer pausa, marcar ritmo. De haber sido así, el baile hubiese sido mayúsculo. Cabe preguntarse que sucedería ante el Barcelona, que cuenta con el mejor mediocampo de la liga (Xavi e Iniesta), con dos extremos de calidad mundial (Henry y Messi), y con un centro delantero capaz de ocasionarle pesadillas a Beckenbauer si todavía jugara (Ibrahimovic).

Queda mucho para el derby. Pero más vale que el Madrid se espabile. Sino, el 2-6 de mayo pasado va a lucir chiquito…

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